martes, 23 de abril de 2013

Fútbol base: ¿aprender o competir?

En el mundo del fútbol, se distinguen claramente dos etapas: la formativa y la profesional. Todos los profesionales pasan por la primera fase, pero no todos los que pasan dicha etapa llegan a ser jugadores profesionales.
En la etapa formativa, y como su propio nombre indica, los niños deben aprender lo que es el fútbol: sus normas, sus distintas vertientes, una manera de jugar... pero sin olvidar de que el chico quiere divertirse. Y esto último suele ser olvidado por las escuelas. El deseo de competir en una categoría superior suele ser un suculento aliciente para que estos encargados del desarrollo de los jugadores no tengan en cuenta su principal función y se centren exclusivamente en la competición. Está bien conseguir que los chavales compitan, porque lo necesitan y es un reto para ellos, pero eso no puede ser un obstáculo que impida que los jóvenes no aprendan a jugar y sean máquinas destinadas a un único objetivo: salvar dicha categoría. Porque para salvar una categoría es muy difícil que todos jueguen. Los entrenadores que únicamente ansían una meta clasificatoria acaban por meter al campo sólo a los mejores jugadores, rechazando la posibilidad de que todos los componentes del equipo participen, lo cual les puede provocar daños morales por no sentirse valorados. 
En mi humilde opinión, todos y cada uno de los chicos que forman parte de un conjunto formativo (es importante destacarlo), deben de tener las mismas oportunidades para aprender y divertirse.

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