martes, 23 de abril de 2013

Fútbol: de juego a negocio.

Muchos son los indicios que nos hacen pensar que el fútbol ya no es lo que era. Desde aquellos tiempos en los que el fútbol era poco menos que una manera de vida, una diversión, un juego por el que vivir, una satisfacción y un amigo, han tenido lugar un montón de acciones de difícil comprensión que poco a poco fueron convirtiendo el fútbol en un negocio, una manera más o menos sencilla de ganar dinero.
Y es que la verdadera esencia del fútbol, al menos desde mi punto de vista, es vivirlo día a día en sintonía con él. Acostarte por la noche como te levantaste al amanecer, con ansias de practicar este deporte siguiendo tan rico o tan pobre como lo eras antes. 
El negocio del fútbol parece distante, solo de unos cuantos privilegiados que se pueden dedicar a ello, bien sea jugándolo, rigiendo sus normas o simplemente retransmitiéndolo. Pero si nos fijamos en nuestro alrededor, veremos infinidad de padres que le inculcan este maravilloso deporte a sus hijos desde que nacen, sin importarles si les gusta o no. Me parece fantástico que quieras que tu niño se aficcione al mismo deporte que tú, pero me entrisece la idea de que lo hagas para beneficiarte de su posible carrera futbolística. Esos progenitores que no ven más allá de su bolsillo, de su retribución monetaria, de su presupuesto, deseando toda su vida que estas rentas aumenten, sea como sea. Y uno de los caminos que siguen es el de depositar sus esperanzas en tener un hijo futbolista. Un hijo que sea famoso, guapo, rico y bueno. Un hijo que les saque de su triste vida en la que el dinero es fundamental. Un hijo por el que sentirse orgulloso, aunque a él no le agrade lo que esté haciendo.
El fútbol se está convirtiendo en un negocio, lo admitamos o no. Y no solo es culpa de esa gente que hace cualquier cosa para ganar dinero: inventando nuevas normas, flirteando con millonarios jugandores, vendiendo entradas a un precio desolador para el humilde hincha....no. Ellos también tienen la culpa, pero también debemos fijarnos en nosotros, en como tratamos a nuestros hijos y qué valores les inculcamos.
En definitiva y como consejo: deja que tu hijo disfrute de su vida sea como sea, sin darle la más mínima importancia a las diferencias entre vuestros objetivos de vida.

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